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La Tercera, nuevamente, marcando pauta en Chile. Esta columna de DickMorris aparecio ayer en ese periodico nacional. Que bien le hace al mercado chileno la competencia. Mientras mas compitenpor captar la atencion y los pesos del publico, mejora la calidad. A versi alguien se atreve a hacer el reportaje que todos estamos esperando: comose financiaron las campanas presidenciales de 1999. Pato Navia
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La Tercera, 7 de Noviembre
Opinión
No es la economía, estúpido
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Dick Morris
Los republicanos apostaron por el terrorismo y los demócratas por la
economía. Ganaron los republicanos. Los resultados de la elección
-más allá
de un tributo al coraje de Bush de arriesgar su alta popularidad apoyando a
sus hombres en decenas de estados- es la ilustración más reciente
de una
tendencia que se expresa por todo el mundo. Los candidatos que se enfocan
en la economía, y particularmente aquellos de centroizquierda, terminan
perdiendo los comicios. Y aquellos que orientan sus campañas en torno
a los
temas valóricos, casi siempre prevalecen.
En Francia, Alemania, Portugal, España, Gran Bretaña, Noruega
o Dinamarca,
los candidatos que acentuaron los temas no económicos ganaron. Mientras
que
aquellos cuyo eslogan fue "es la economía, estúpido",
fueron derrotados,
por mucho que la recesión global estuviese convirtiendo sus economías
nacionales en un marasmo.
Los votantes han aprendido que el proceso político tiene poco control
sobre
la economía. En 1992, Bill Clinton pudo potenciar su campaña presidencial
enfocándose, "como un rayo láser", en la economía.
Pero no por mucho
tiempo. Ahora los electores se dan cuenta de algo que en ese entonces no
lograban comprender: que la economía norteamericana es zarandeada por
los
mercados globales, los bancos centrales y los especuladores
internacionales. Si quieres conocer a alguien influyente sobre economía
en
Washington, reúnete con Alan Greenspan, el presidente de la Reserva Federal.
La derrota de los demócratas y el éxito sin precedentes de Bush
en unas
elecciones de medio término debiese enviar para siempre a la tumba a
las
campañas centradas en la economía. Cuando un partido o el otro
trata de
sacar ventaja de una economía cayendo en picada, está arando en
el mar.
La segunda razón para la debacle demócrata fue el contraste en
la imagen
que proyectaron los dos partidos en las últimas dos semanas. La de los
republicanos fue la de un presidente joven y luchador, recorriendo el país
para defender su gobierno y proteger a la nación en tiempos difíciles.
En
el caso de los demócratas, eligieron al viejo y cansado ex presidente
Walter Mondale. Representado por tan añeja figura, el partido pareció
renegar de su reposicionamiento de los '90, y abrazó a un político
liberal
y pro impuestos, que nunca -ni en siquiera en su apogeo- gozó de popularidad.
Finalmente, el sentimiento predominante que surgió tras los atentados
del
11-S fue una demanda por el fin de la polarización política. Los
constantes
dimes y diretes de Washington terminaron por agotar a un electorado
preocupado por la inminencia de nuevos ataques. Está bien que papá
y mamá
se peleen todo el tiempo, pero no cuando falta plata para pagar el arriendo
y la orden de desalojo viene en camino. Este sentimiento de unidad nacional
eclipsó la tradicional tendencia de los electores a inclinarse por un
equilibrado balance de poder. Cansados de las rencillas entre demócratas
y
repúblicanos, los votantes, en vez de restringirle el poder al Presidente,
optaron por aumentárselo para que él resuelva sus problemas.
Pero por sobre todas estas razones se encuentra el casi siempre despreciado
carisma personal del Presidente. Bush obtuvo menos votos que Al Gore el
2000, y su triunfo quedó manchado. Pero el martes removió la suciedad
y
demostró que, a lo largo y ancho del país, cuenta con un amplio
respaldo de
los votantes. Apostó fuerte, y ganó mucho. Tuvo agallas y se quedó
con las
elecciones.
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